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Reflexiones de una vida laboral

vermú un domingo de trabajo

Será domingo. Hará bueno en la calle, sol aunque frío y sí, estoy delante del ordenador escribiendo por 7 euros 400 palabras. Pero estoy feliz. Feliz porque me encanta mi trabajo. Feliz porque es una decisión mía.

Domingo, sol, 7 euros y trabajo pueden sonar duro si lo leemos en la misma frase pero hay más. Hay música a todo volumen, hay cervecita de vermú ¡Qué es domingo!, ropa cómoda y mi criterio a la hora de decidir que quería hacer esto. Nadie me lo ha impuesto, han sido mis ganas de escribir las que han dicho que sí.

Ahora que compagino mi trabajo como autónoma y un trabajo por cuenta ajena que nada tiene que ver con lo que he estado desarrollando hasta ahora, o con lo que estudié, me doy más cuenta de las cosas.

El dinero, por mucho que me fastidie, predomina en todos los aspectos de la vida laboral. (Evidentemente ya lo sabía, aunque tenga momentos en los que me niego a reconocerlo).

Por un lado, porque tener una nómina a final de mes ayuda a conciliar el sueño (y más cuando tienes como prioritario que tu hija viva bien y que ambas podáis vivir de alquiler) y por otro lado, porque es lo que mueve a las personas.

A veces soy demasiado happy flower, y no paro de decir que a mi me mueve el corazón, pero a la hora de la verdad, es imposible trabajar con ese fin. O no por lo menos cuando trabajas para una multinacional. Y eso, me resulta muy duro. Me niego a coger un avión directo a mi objetivo, si tengo la posibilidad de coger un tren, una barca, hablar con los habitantes de ese poblado o probar las delicias culinarias del otro pueblo. No quiero ir directa en avión, sin hablar con nadie, sin crear experiencias, ¡no quiero!

Pero evidentemente lo hago, porque en mi trabajo por cuenta ajena no decido yo. Y que se me entienda bien, no decido yo como cuando puedo decidir en mi trabajo de autónoma; que decido poner voz a un pequeño comercio para ayudarle a darse a conocer aunque el presupuesto sea mínimo, cuando decido escribir para una empresa de repuestos por unas ruedas de coche o cuando decido escribir artículos de 400 palabras por 7 euros. Decido yo, si pongo el corazón o la cabeza en cada trabajo. ¡Y eso me encanta!

Sé trabajar de las dos maneras, tampoco es plan de echarme piedras contra mi propio tejado, pero una manera me gusta y la otra no tanto. Y a veces, en esos lunes que duermes poco y que desearías que fuera domingo otra vez, quieres con todas tus fuerzas no tener que levantarte y tener que decir que sí a coger un avión.

Otro tema, será tratar el de los 7 euros por 400 palabras. Mi padre ya me lo dice, que elegí mal mi profesión. ¿Mal? Ya sé que no; el tema es que es una profesión que sabe a hacer todo el mundo; todo el mundo tiene un primo o un amigo que sabe diseñar un logo, escribir un texto o publicar en Facebook. ¡Y yo no digo que no! ¿Pero sabe hacerlo como yo, que llevo 8 años de mi vida más de 10 horas diarias al día dedicadas a ello? Sinceramente, lo dudo, porque la experiencia es un grado y en mi caso, por horas no será.

En muchos otros sectores también pasará, pero en este, que yo he vivido una alegría de precios y una tristeza de ajustes, ha sido muy exagerado. Me acuerdo cuando hacíamos páginas webs corporativas por 12.000 euros y los clientes no paraban de sonreír y felicitarnos por nuestro trabajo y recuerdo mi último presupuesto, de 1.200 euros con tienda online y sudor y lágrimas para mantener contento al cliente pese a las 200 horas extras ya invertidas, porque ahora no es lo que quería. 

El tema de los 7 euros por las 400 palabras es otro asunto, otro, que hasta que los clientes no sean conscientes de la importancia y de la necesidad de un buen profesional, no va a cambiar. Pero seguiré poniendo el corazón y el alma en todos los proyectos que lleguen a mis manos (según lo que considere), porque a veces trabajar por 7 euros un domingo a la mañana es mejor que hacerlo de lunes a viernes por una nómina de mil euros.

 Y no es un post queja, es una reflexión en voz alta; es un grito de ayuda para todos los que quieren dedicarse a lo que realmente les apasiona y no se atreven, y a los que sólo quieren trabajar y les da igual en qué. Todo es válido, solo hay que ser feliz. F E L I Z. Y yo lo soy.

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